La espectadora - Recordando


Recordando
consta de 2 relatos:
La espectadora
Recordando







La espectadora








La muerte se presentía, se palpaba en cada respirar profundo, en cada paso lento, esforzado, cansado. . . Conmovía mi corazón ver el deterioro apresurado de ese hombre inquieto, fuerte, inteligente, de gran cultura y tan ávido de conocimiento que fue mi amor, mi compañero de muchos, muchos años. 

Dolía verlo pasar horas y horas esperando el comienzo en la tele “de la monita”, novela risueña y liviana que le hacía olvidar sus dolores y que muchas veces lograba sacarle una desdibujada sonrisa por lo disparatado de la historia. El esperaba con anhelo las 6 de la tarde. Era la hora mas soñada, su cita mas importante . . .Su encuentro con Natalia Oreiro, su nuevo amor, la mujer que llenaba sus días de nuevas ilusiones, de alegrías , de risas desopilantes. . .después, horas y horas de mirar por la ventana siempre el mismo paisaje, la misma calle, el mismo árbol, la misma puta y maldita soledad. 

El nunca se había imaginado, en su juventud, que algún día esperaría ansioso el comienzo de una novela, pero, allí estaba, sentado en primera fila, cual único espectador de una obra de Moliere. 

Sabía que eran sus últimos momentos. Me decía: - pety ya me estoy yendo- y yo no podía responderle. Sabía que era inmediata su partida y no había palabras llenas de esperanzas que pudieran servir de consuelo, salvo mi mano extendida tomando las suyas, mi abrazo fuerte, cálido y protector, la humedad de mis besos en sus mejillas, y la ingenua intención de retenerlo junto a mí un día más. Tanto él como yo sabíamos que la vida y la muerte eran las dos caras de una misma moneda, que convivíamos con ella desde el mismísimo momento de nacer; que nuestro cuerpo, todo, estaba formado por millones de pequeños universos imperceptibles a nuestras conciencias; universos compuestos por células que día a día morían y eran reemplazadas inmediatamente por otras jóvenes y llenas de energía, sin que lo notáramos. Y así, siempre, una y otra vez, este círculo de vida, de muerte, de vida. . . 


Las 6 de la tarde. Ya no caminaba pero esperaba firme, como siempre la llegada de la monita. Repentinamente una gran tormenta, como hacía muchos años que no sucedía quebró mi aparente quietud. Grandes estruendos de truenos, rayos, refusilos derribaron mis barreras, destruyeron mis defensas. 
En un segundo se hizo la noche. La oscuridad total en el día, la oscuridad mas absoluta en mi alma. 
Verlo allí, en su silla, tan quieto, tan absolutamente inmóvil, con la cabeza gacha. . . 

No supe más de mi. No pude razonar. Me desesperé. 

Corrí a abrazarlo y mi alarido fue tan pero tan grande que atravesó mi garganta y laceró mis tripas. 
El dolor que sentí fue tan íntimo y profundo que no cupo nunca más dentro de mi cuerpo. 

Mis gritos fueron aullidos que salieron de lo más profundo de mi alma. Todas las lastimaduras de mi espíritu quedaron en carne viva. 

Quedé desgarrada. 

Nadie escuchó los gritos que mi rostro expresaba. 

La tormenta de mi alma bañaba mis ojos, la tormenta del mundo inundaba las calles. 
Salí a la vereda. . . grité. . . pedí auxilio. . . nadie escuchó. 

Golpeé a puertas que no abrieron. . . supliqué a corazones que se cerraron. 


No había muerto aún. Era sólo el anuncio escalofriante de que estaba próxima. 

Me transformé en la espectadora de esa lucha única y personal del hombre que pelea y se niega a entregar su existencia. 














Recordando















Pasaron 2 largos años llenos de soledad y tristeza. 

Hoy hubiera sido nuestro aniversario 31. . . 31 años de estar juntos que no pudieron ser. 
Decidiste emprender este viaje hace 2 años y 5 meses. Y aún te extraño muchísimo. A veces despierto con mucha ansiedad esperando verte atravesar mi puerta, y pese a que sé que físicamente no estás, igual te espero.

Son muchas las madrugadas en que deambulo, tomo 1 café y espero. . . siempre espero que por un instante vuelvas a mi. 

Son muchas las veces que tengo la necesidad de conversar con vos y en mi interior mantenemos largas e interesantes charlas. 

Son muchas las veces que siento el calor de tu mano tibia que toma la mia y la dulzura de tus besos en mis mejillas. 

Amor, te cuento que cuando decidiste descansar por un tiempo, nos mudamos a Neuquén y al embalar todas nuestras cosas encontré tus escritos cuidadosamente guardados en el fondo de un cajón protegidos por un lindo envoltorio cual si fuera el mejor de tus tesoros. ¡Y lo era! Si bien los los conocía, nunca había notado que en ellos reflejabas tu personalidad, cuestionadora y reflexivas, tu alma noble, tu espíritu fuerte y lleno de coraje, tu humor naif… Tu entrega era total con un papel en blanco y un bolígrafo en tus manos. Me alcanzabas tus escritos con orgullo. Tus ojos pícaros me decían: ¡Mirá! No está bueno lo que escribí para vos? Y esperabas ansioso la reacción de mis ojos, de mi rostro, de mi boca. . . Te pido perdón por no haber disfrutado lo suficiente de esos momentos, por no darles la importancia debida que tu ansiedad esperaba, por ignorar lo valiosa que fui para vos. 

Hoy siento un gran agradecimiento por tu amor sincero y por tu respeto.,pero para llegar a este hoy, pasé por mucho dolor, por contradicciones emocionales increíbles que no podía manejar. Mi alma paseó por oscuros senderos sin poder evitarlo; entre el amor y el odio en un abrir y cerrar de ojos. Cuando te fuiste mi espíritu se comportó como las hojas secas a merced de los fuertes vientos neuquinos, arrimándose a veces al dolor y otras al miedo a ponerme de pie, a continuar mi camino sin vos. Tuve broncas que ni yo misma entendía los porque de ellas y muchas, muchas ganas de gritar, de tenerte frente a mí y pegarte hasta cansarme, hasta que mi grito traspasara todas las fronteras del universo, hasta destruirme las manos, hasta quedarme sin piés. . . Y te eché todas las culpas de mis inseguridades, de mis temores, de mis fracasos. . . 

Te habías marchado sin mi. 

En este transitar tu ausencia conocí todos los odios, rencores, resentimientos que nunca me imaginé que pudieran existir en mi corazón; y culpa, mucha culpa. tanta que deje de dormir por mucho tiempo pensando que tal vez yo hubiera podido hacer algo mas para retenerte a mi lado, para ganarle a tu muerte y regalarte aunque sea un día mas a mi lado 

Hoy que comprendí con mi propia vida, que la vida y la muerte son las dos caras de la misma moneda, que la muerte era el descanso que necesitaba tu cuerpo para tomar fuerzas y regresar en otra existencia con mas energías, con mas ímpetu, con mas ganas de vivir nuevas experiencias. También comprendí que luego seguiré tus pasos y, que en algún momento de nuestro circulo de existencias y muertes, volveremos a encontrarnos, como vos querías y juntos comenzaremos un nuevo camino. 

Hoy estoy con el corazón en paz. Y sigo amándote, y duermo tranquila. 

He vuelto a sentirme feliz. 
Gracias 











Doña rosa, más reconfortada, echó a volar su imaginación por otros
senderos buscando paz y sosiego para su alma. Su espíritu sobrevoló sobre
otros paisajes que le dejaron un agradable sabor dulzón en la lengua y
esperanza en el corazón.

Su jardín se había secado, pero ahora sentía que resurgiría sobre su propia
destrucción.











































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