Vientos Libres




Vientos libres
- Oíd mortales el grito sagrado
 Reencuentro





Oíd mortales el grito sagrado

a Rudy, aunque ya no estés





Eran cálidas las nochecitas tucumanas. La primavera reventaba en los naranjos florecidos que adornaban sus veredas. El aroma a jazmines invadía el aire. El calorcito agradable invitaba a salir a las calles, sentarse en los umbrales de las puertas de las pensiones estudiantiles, tocar la guitarra y cantar las típicas canciones de protestas enriquecidas con alguna que otra zamba o chacarera costumbrista. 

Teri no salió a cumplir sus deseos. Se dejó ganar por el terror y dió vueltas y vueltas en la cama sin poder dormir. Y pensó que nunca mas lo haría, que nunca mas volvería a cantar, ni a hacer el amor, ni a leer nuevamente su libro preferido, Inventario de Benedetti, el que tubo que deshacerse la noche que secuestraban a la chica de la pensión de al ladito nomas. 

Los cascos de la montada en su patrullaje nocturno le producían escalofríos. El sonido de esos cascos sobre los adoquines le congelaban los huesos. 

No pudo más. Se levantó y espió hacia la calle por la mirilla. 5 compañeros de ideales, de comedor universitario, de “si se calla el cantor”, contra la pared de la casa de enfrente, brazos levantados, piernas separadas, cabeza gacha. Soldados socavando en sus costillas hasta hacerlos quebrar de dolor. La patada con esas oscuras botas en la boca del estómago venía seguro si no tenían el pensamiento y las respuestas rápidas a sus preguntas tan duras y tenebrosas como sus botas. 

El agobio la ganó. Seguramente nunca más volvería a verlos... No pudo vencer su cobardía. No se atrevió a gritar, ni a pedir ayuda, ni a hacerse notar. . . con el corazón partido en mil pedazos volvió a su cama. Toda la noche recordó a su madre allá lejos cuando llena de angustia le decía a su hermano en desgarrada súplica: ¡No te quiero héroe! ¡TE QUIERO VIVO! 

El cansancio, el llanto, la impotencia finalmente fueron vencidos y se durmió. Soñó que su hermano flotaba a ras del piso sonriendo y con un clavel rojo como la sangre misma en el ojal de su casaca mientras la saludaba con la mano diciéndole adiós. 

De sus muñecas colgaban dos gruesas cadenas, que arrastraba con sus eslabones rotos. 

Teri despertó sobresaltada. Prendió la radio con una tremenda intuición y escuchó: “5 guerrilleros murieron en un enfrentamientos contra las fuerzas armadas. Tres subversivos escaparon. Hemos vencido al enemigo. 

En su mente resuenan aún las palabras del himno nacional argentino. 
Oid mortales el grito sagrado 
Libertad, libertad, libertad. 
Oid el ruido de rotas cadenas 
Ved el trono a la noble igualdad.
. . 






Reencuentro

a Graciela, si algún dia vuelve















El reencuentro se produjo allí, sin pensarlo, después de algunos años de ausencia, a pocos días de comenzado 1983 


Todavía sentían en el alma y en el cuerpo la alegría por los festejos de año nuevo. El espíritu aun estaba inundado de esa rara sensación de paz y amor tan extrema y que los hacia sentir tan bien. 


A pesar del intenso calor caminaban sin prisa, de la mano, riéndose, recordando anécdotas simpáticas, disfrutando de la noche límpida y estrellada. La luna se veía inmensa, romántica, cómplice de la sutil invitación y Palito ortega llenaba el aire con su: la felicidad ha ha ha ha, de sentir …, y ellos, mas cercanos aún se apretaban uno a otro. De vez en cuando una caricia. De vez en cuando un fugaz beso. Solo sus manos hablaban, conectándolos con intensidad, el sublime lenguaje del amor y el deseo. 


Pensaron en concretar, por fin, ese acto tantas veces soñado y tantas otras postergado por la intolerancia de los padres de ella, por la celosa mirada de la madre de el… por la juventud de ambos, por sus estudios en otra provincia… por esa inexplicable violencia a que fue sometido cuando una noche, encapuchados, y a los golpes se lo llevaron sin explicación y tras la feroz tortura, un certero tiro de gracias libertó su espíritu dejando sus sueños truncos, deshechos, definitivamente destruidos... 


Ella, sola, llorando su ausencia, sumida en el más profundo de los pesares muy pronto siguió sus pasos. La buscaron, la maltrataron, la deshicieron en mil pedazos dejando sólo sus suplicas llenas de terror, de dolor y de vergüenza, flotando en el aire. 


Apresuraron el paso. Caminaron rápidamente por esa callecita oscura. Ya faltaban unos pocos pasos para llegar a su refugio. 


El cielo se iluminó y la noche cerrada desapareció repentinamente. 


El espacio y el tiempo se volvieron inexistentes. 


El, con suaves y candentes caricias rozó sus cabellos, y ella se estremeció y lo recibió con candor. 

Una suave brisa los envolvía inundando sus sentidos con el exquisito aroma de las glicinas que mágicamente se deslizaban suavemente por su pelo como el manto que cubre a las novias en su noche de bodas. 

La finitud de sus vidas truncas se hizo infinita girando rítmicamente al musical son de los vaivenes del amor dentro de ese gran agujero temporal en que el mismo universo los había colocado para cumplir con su mandato.

el tiempo y del espacio












Era un chico como cualquiera .con sueños, esperanzas, proyectos, amores... 





Algo muy dentro de ella le decía que saldría de su letargo, que lograría
incorporarse nuevamente, pero para ello, todavía quedaban algunas capas
de piel por perder.








































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