Doña Rosa












Doña rosa la que toman en sorna. 

Doña rosa, la que subestiman cuando generalizan en la radio, en la tele, en el diario… 

Doña rosa la sin piel… la más solidaria, pero también la más chismosa, 
es una mujer; una mujer como vos, como yo, como cualquiera, aunque use ruleros y barra la vereda envuelta en un batón floreado y con ojotas mientras chismorrea con la doña rosa de al lado con quien comparte, tal vez sin saberlo, la misma frustración e igual humillación; la que se levanta temprano para ir al mercado, la que sabe a la perfeccel precio de las verduras y también responde, sin equivocarse, con quién salió la vecinita de enfrente , la que prepara la comida diaria durante tres horas y se come en diez minutos, la que limpia sobre lo limpio, la que llora a escondidas, la que finge las risas, la que se hace la boba; la que en un interviú, mientras cada uno de los integrantes de la mesa familiar se enfrasca en sus cosas,  
mira todas las novelas de la tarde, y sueña, y vive historias ajenas sufriendo en carne viva como si fuesen las propias y se seca el río de lágrimas con una  franela. 

Por las noches, si hace calor, saca su sillón y se sienta en la vereda a tomar unos mates. Observa quién llega, quién se va, con quién, dónde… 

E imagina… imagina… imagina… 

Cierra sus ojos y su espíritu por unos momentos se siente libre; se hace finito y cristalino como el agua calma de una vertiente y en un suspiro, cual lazo de seda que resbala de sus manos, escapa por sus labios y sobrevuela paisajes infinitos de otras realidades que nunca se atrevió a vivir y deja volar su mente lejos, muy lejos, y la invaden los recuerdos de experiencias viejas 
de las que jamás, nunca, persona alguna se enteró; y con cada recuerdo que martillea en sus sienes, y le nubla el corazón, y le marca surcos de frustración 
en la cara, siente que lleva impreso en su rostro, su frente lacerada por esas palabras grabadas a golpes en lo más profundo de su alma y que ella siente tan dolorosamente ciertas: “Nadie escucha el grito que mi rostro expresa… nadie escucha el grito que mi rostro expresa… nadie escucha el grito que mi rostro expresa…” 

Y en su dolor adormecido, toma conciencia de que día a día, a través de tantos años, se fue quedando sin piel, descarnada, solo con sus huesos


Y al comprender esta, su realidad, c
omienza a moverse en su sillón como una niña autista, meciéndose muy lentamente, hacia adelante… hacia atrás… hacia adelante… hacia atrás… hacia adelante… hacia atrás… una y mil veces… mientras se deja ir. 












Y en ese dejarse ir, Doña rosa recuerda historias pasadas que aún le
duelen, y se las relata a sí misma para escucharse, para entenderse… y se
pregunta mil veces: ¿Por qué no se atrevió? ¿Dónde? ¿Cuándo nació su cobardía?...
¡ahhh!...en un profundo suspiro deja escapar vivencias viejas que
explotan en su mente desordenadamente compartidas con todas las doña
rosa con las que se siente identificada infinitas veces.

Sin proponérselo, las primeras historias que su espíritu le envía a su
mente llegan de su pasado más lejano y al mismo tiempo, cual bizarra
paradoja, tan cercano, tan actual; y, al recordarlas, trata de entender el por
qué y en qué momento se quedó sin piel.



















2 comentarios:

  1. Tienes u blog precioso Amiga...muchas gracias por la mencion

    Un Abrazo.

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    1. muchas gracias a vos, sisco. me hiciste muy lindo regalo asi que te mereces que se sepa quien es el autor :)

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