El iceberg...




El iceberg...







Aunque alardeaba de ser majestuoso y gélido como un iceberg,
un día se derritió y su deshielo dejó en libertad un agüita clara y
límpida que formó un caudaloso río bordeando el cordón de la
vereda, cuando una cálida y placentera brisa se levantó dejando a
sus pies un barquito de papel.

Lo tomó en sus manos, lo miró con nostálgica ternura y decidió
depositarlo en su cauce... treparlo... levar anclas... y partir...

Y en ese viaje lleno de aventuras, echó sus pájaros a volar.


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