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El camino de las lilas


La vida es bella



El camino de las lilas






Con su rostro acartonado por sus arrugas como el más  antiguo de los pergaminos, su mente lúcida aún, descansaba sentada en su sillón de mimbre  bajo los tibios rayos de un sol de invierno, sosteniendo entre sus manos delgadas y frágiles, Cien años de soledad.

 Cien años de soledad  el libro. Cien años de soledad su cuerpo. Cien años de soledad su corazón, gastado… sufrido.

Leyó  unas líneas pero la modorra la invadió y la ganó el sueño.

En su mente adormilada se sucedían muchas batallas ganadas a la vida. Recuerdos que ni ella misma los creía vivos ya; recuerdos de amores,  de fracasos, aciertos, dolores y alegrías.

Tanto tiempo había pasado y todo ese cúmulo de ansiedades, de objetivos muertos, de deseos vivos  danzaban allí, en su mente,  pujando por salir.

¡Si!  Se sentía joven, hermosa y ligera como cuando tenía 20 años, con los mismos deseos, las mismas ansias locas de saltar, de cantar, de reír,  de amar como  entonces, solo que su espíritu joven estaba atrapado en un envase viejo y cansado que no lo sentía suyo.

Abrió los ojos sorprendida. La noche era profunda y las estrellas, cual cosquillas del cielo, la rodeaban y la hacían sonreír. Sentía la tibieza  de la noche en la piel y en el alma que la acariciaba como su suave mantón de manila de pura seda que le cubría los hombros…




Se quedó  quietecita, abrazada a si misma con una extraña sensación de placer, sin pensamientos, con la nada por compañía, cuando sintió un dolor punzante como si una lanza la atravesara de la cabeza a los pies pero, extrañamente placentero como el orgasmo que sobreviene a la plenitud del amor y que la empujaba suavemente hacia aquella luz lejana.

No entendía donde estaba  pero sabía que debía atravesarla sin miedos, en paz.

El dolor desaparecía y volvía cada vez con más frecuencia mientras cientos de recuerdos la desbordaban y así, transitando lentamente... llegó a la luz. 

La cruzó con un suave golpeteo de sus pies descalzos. No podía creer lo que estaba viviendo. El sol refulgía radiante y caliente aumentando aún más el misterio de su experiencia. Un hermoso y largo camino cubierto de lilas se abría a su paso y allá, a lo lejos… un túnel.

Se sintió inmensamente feliz y esperanzada. Abrió sus brazos y bailó la mejor danza de todos los tiempos, con su rostro al sol, sus cabellos sueltos, girando y girando con una alegría infinita. Las flores, su perfume dulzón  y sus colores vivos se fusionaron con ella formando una mística  unión con el universo todo mientras avanzaba por ese camino de lilas, hasta que llegó al borde y no supo más.

Cayó vertiginosamente por el túnel  cavernoso y oscuro. El vértigo la asustó un poco y luego…

Abrió los ojos  y con esa palmada largó el llanto. Los recuerdos de su vida pasada se borraron instantáneamente.

Acababa de nacer.  

Recibió los besos y caricias de sus padres y se dispuso a comenzar un nuevo aprendizaje.