Aprendi a volar.

Malaventurados los días
y  las noches despobladas de sueños.
En el horizonte, solo la bruma,
la bruma sin espacio, sin tiempo.

Navegué por mis rios
Braceé por mis venas,
afondé en mis oscuridades
abismé en la cima y la llamé.

Solo ella, la niña, mi niña interior
que encontré agazapada
prisionera de mis miedos
en el fondo  de mi mar
me tendió la mano, ofrendó sus globos
pletóricos de color, de esperanzas, de valor
y entonces si,  me elevé por mil caminos;
entonces si,
sin viento, sin alas,
sin pompas de jabón
ni burbujas dibujadas en hojas de papel
aprendi a volar.
Aprendi a volar.

Tal vez quieras oirlo


Aprendí a volar

Cristina Leiva. Cris, Lacarancha

Utopía distópica

Buscando esperanzados un nuevo mundo utópico
y ante el fragor de un diluvio distópico
de coronas majestuosas virósicas mocosas tososas
de afiebrados desabrazos desbesasos,
destrechados y deshechos
invocan desde Ziusudra a Fernandez
quienes coinciden en atemporal concepto
y tras estruendosos estornudos contenidos escondidos
y antebrazos distanciados,
de pie frente al micrófono dicen:
“…escuchen mi palabra
oigan mis instrucciones
un diluvio distópico
de soberanas coronas majestuosas virósicas mocosas tososas
de afiebrados desabrazos desbesasos,
destrechados y deshechos
se hospedará en sus moradas
en sus centros religiosos,
no se apiadará del congreso
ni de casas rosadas ni blancas, ni palacios
ni castillos ni ranchos de adobe y paja
destruyendo toda savia, semilla, semen,
germen, simiente de sociedad…”
es por eso que invito
a descoronar, a descoronar, a descoronar.
No esperemos que pase la borrasca.
Ahora, ¡ya!
preparémonos a descoronar,
a descoronar, a descoronar.
que no quede nadie afuera
para salvarnos juntos, todos,
que cuando pase el vendaval
tomaremos las calles,  beberemos el sol,
inundaremos los cielos de esperanzas, de sonrisas,
de alegría, de verdor
celebrando el nacimiento
de ese yo nuevo gestado en la introspección,
en el encuentro con uno,
en la contienda feroz que ganó la reflexión
y comprender el por qué nuestros herederos
esparcirán la leyenda por todos los siglos
gritando con apasionado orgullo :
Hemos descoronado las soberanas coronas
majestuosas virósicas mocosas tososas
de afiebrados desabrazos desbesasos,
destrechados y deshechos¨:
Somos descendientes de los que se salvaron juntos...todos.

Lo quieres escuchar?

Utopía distópica
Cristina Leiva - Cris, Lacarancha
Poema inspirado en la lucha de nuestro presidente Alberto Fernandez
 y a el dedicado con mucho cariño , admiracion y respeto 
 en el dia de su cumpleaños: 02-04-2020

Pañuelitos habladores


El multifacético contenedor de mocos, de lágrimas, de galantería, de conquista y de compromiso político-social, pequeño cuadradito de tela llamado pañuelo lleva en su urdimbre entretejida con colores, todo el paso del tiempo y la evolución.

Desde las épocas más remotas en que las mujeres sometidas a la invisibilidad, sin derecho a opinar ni a leer ni a pensar ni a nada, desde una punta a la otra del mundo, nacía allá, en china, por el siglo XIX  desde la provincia rural de Hunan ,el Nü Shu, un tipo de escritura fonética secreta y exclusiva de las mujeres que se transmitía en pañuelos o abanicos de seda, y desde entonces a la fecha fue tomando cada vez más protagonismo convirtiéndose en una muda herramienta de lenguaje mundial, diciendo muchas cosas sin hablar, definiendo a quien lo porta, tomando partido sobre diferentes hechos políticos y sociales, solo usando un pañuelito de color como portada.

Así tenemos a las madres y abuelas de plaza de mayo, aquellas viejas locas con su característico y amado pañuelo blanco con que cubren sus cabezas  expresando con ellos su lucha durante más de 40 años por la recuperación de hijos y nietos, los pañuelos con los colores del arco iris, protagonistas en las Marchas del Orgullo LGBTIQ(Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Intersexuales y Queer), con los que celebran las diferencias y el respeto al otro, se reclaman derechos y se visibilizan problemas de las minorías.

Todos recordaran el gran debate brindado hace muy poco en nuestra sociedad, la titánica contienda entre dos ideas: pañuelos celestes expresándose en contra del aborto bajo el lema “ salvemos las dos vidas y pañuelos verdes en su lucha a favor del derecho al aborto legal, seguro y gratuito para que nosotras, las mujeres seamos dueñas de nuestros propios cuerpos y podamos acceder a centros hospitalarios siendo atendidas con el cuidado y el respeto que todo ser humano merece para no morir en la clandestinidad.

En este reconto de pañuelos y colores también está el  naranja que simboliza al deseo de quien lo usa sobre la separación entre iglesia y estado, el violeta que se identifica desde siempre con las luchas feministas contra la violencia de género y si es morado, a la igualdad de género por formarse este color con el rosa y el azul tradicionalmente asociado a las mujeres y hombres respectivamente.

Con el pañuelo rojo se reclama al gobierno una nueva ley de adopción exigiendo que se acabe con la burocracia y que se agilice dicho trámite; los pañuelos negros los usan los que atraviesan un gran dolor como el fallecimiento de un ser querido o alguna catástrofe con muchos muertos que afecte a la comunidad, sea donde sea, grande o pequeña.

Este año, el 24 de marzo 2020 y a 44 años del golpe militar se conmemoró  el día de la memoria en pleno aislamiento social voluntario en el que no pudimos expresarnos en las calles como lo hacíamos habitualmente y entonces, los pañuelos blancos hablaron engalanando balcones, ventanas y muros a lo largo de nuestro país para que todos sepan que aun quedándonos en casa, nuestra memoria permanece fresca, viva, más pujante que nunca y siempre atenta para no permitir jamás  un nuevo avasallamiento institucional.

Por lo tanto, si me cruzo contigo por las calles y ves que anudo en mi muñeca un pañuelo verde, violeta, naranja o blanco, sin saber siquiera mi nombre estarás seguro o segura del colectivo en que voy.

Cuando hablan los pañuelos
Cristina Leiva - Cris, Lacarancha



Revivir


Ante el incesante paso de los años, egoístamente, he
olvidado vivir.
.
No he tenido en cuenta el tiempo transcurrido que poco a poco desgajaba mi alma, mis sentidos, mi corazón, dejándome como un árbol caído por el que ya no fluye la savia nutritiva y dulce que lo hace reverdecer, hasta que, como una refrescante lluvia en primavera, llegaste ante mi haciéndome vivir una nueva floración.

Aprender a Volar - Patricia Sosa (Subtitulado)
Revivir
Cristina Leiva - Cris, Lacarancha

Esa noche estrellada


Con cada prenda que resbala de mi cuerpo cae el velo de mi pudor e íntimas caricias se apoderan de mi mente y mi voluntad impidiéndome pensar.

Con tu primer beso, tus manos recorren mi cuerpo y corrientes de hormonas desenfrenadas invaden mi espíritu despertando mil deseos.

Amparados en las sombras de esa noche estrellada, la pasión, mezcla de desenfado y placer, nos une una y otra vez en un orgasmo huracanado llevándonos al infinito.

Después, lasitud…calma…serenidad.


Esa noche estrellada

Tal vez quieras escuchar esta brevedad


Esa noche estrellada
Cristina Leiva - Cris. Lacarancha


El peso de la conciencia: 21 gramos


“Murió en la cárcel. Juzgado y condenado el ex dictador que detentó el poder entre 1976 y 1981, ejerciendo una sangrienta y brutal represión contra toda oposición política”

La noticia taladraba sus oídos una y otra vez sin tener consideración sobre lo que ella sentía en esos momentos.

Una incontenible mezcla de bronca, dolor, desprecio, tristeza, impotencia, de callado llanto por 30 mil vidas que marcharon en un solo, angustiante aullido que escapaba de sus gargantas atravesando el cosmos de punta a punta, rompiendo la silenciosa nada del infinito, denunciando la picana.

¡Murió el comandante! Cuantas dudas, cuantos sentimientos quedaron flotando en sus pensamientos sin saber cómo manifestarlos, con qué palabras, con qué razón.

Cerró los ojos y escuchó una voz muy lejana que le contaba que una vez hubo un dios que procedió a crear los grandes monstruos marinos y todo ser moviente en el mundo, pero como uno de ellos era el más despreciable de todos, el mismo mar lo rechazó y en un estruendosa manifestación lo escupió sobre la costa dando origen a un dictador.

Una y otra vez se preguntó
 -¿Fue un error de dios su creación?- 
Tal vez, solo tal vez, ¿se le olvidó de ponerle un alma?

¿Quizás la escondiera dentro de una caracola?

¿Cómo?

¿Donde?

¿En qué momento un ánima podía salir del cuerpo que la contenía y extraviarse... en la nada?

¿Habría perdido el excelentísimo sr comandante esos 21 gramos que dicen por estos días que pesa esa sustancia?

Cientos, miles de dudas se le planteaban en su mente pero, como creyente en la continuidad de la vida y la muerte, sabía que el alma al morir, si la tuvo y pretendiera fusionarse al universo como lo haría la mía o la tuya al partir, seria vomitada del gran caos cósmico obligándola a transformarse en un alma trashumante, siempre errando por las sendas del tiempo por toda la eternidad, sin poder nunca, jamás, descansar ni siquiera en la paz del mas abyecto de los parásitos.
*Nota al margen:
Relato de terror escrito en la soledad de mi habitación un 17 de mayo de 2013 cuando mi única compañía era una  radio y se anunciaba la muerte del asesino jorge rafael videla.

Hago notar que las minúsculas con que escribo su nombre representan mi repudio y desprecio.
El peso de la conciencia: 21 gramos
Cristina Leiva - Cris. Lacarancha 


Y ya no estas


Me Sorprendo buscándote en el verde del mar,
en las cumbres cordilleranas,
en los fértiles valles patagónicos.

Y soñando que vuelas hacia mí
como las mariposas blancas
que me anidan, te busco.  

Te busco y no te encuentro.

Sin embargo,
Otoñales hojas ocres 
crujen con mis letras
desparejas dibujando
abrazos de blues
que acarician mis sentidos
y estremecen mi alma inquieta
regalándome mil pequeños
 y caleidoscópicos besos
recibidos en cada una de las tantas
lunas jupiteranas que conforman mi universo,
ocupando mis solitarias noches
con este imaginario calor que aún me abrasa.


Y ya no estás
Cristina Leiva, Cris, Lacarancha



Desaliento

Sumido en sus propios pensamientos camina lentamente, sin rumbo; su soledad es grande y dolorosa, y sus miedos... ahhhh... sus miedos...sus miedos son tan profundos...

Vencido por el cansancio se sienta a los pies de un árbol, contra el muro y rompe en llanto. Ya se había dicho todas las palabras, se había inventado todas las excusas,  había realizado  todas las acciones. Nada más que agregar. Nada más por hacer. Los deseos y emociones que lo invaden y los que nunca expresó, los guardaría para siempre dentro de sí.

Tiene la certeza de que el tiempo es convencional, sin principios ni finales; que los proyectos de futuro son solo recuerdos viejos colgados de un anaquel en su memoria.

Él, que ha vivido muchos fines del mundo cómo nadie, sabe que en todos siempre estuvo presente la cruenta lucha por demostrar el poder de uno sobre el otro, abusando, aplastando, humillando, matando al más débil, sea niño, anciano, mujer u hombre y él, ya nada podía hacer.

Da por terminada su contienda… Sus creencias, sus valores se desmoronan cual castillos de arena en la orilla del mar.

Cree que ya nunca podrá cambiar este mundo por otro de amor, de respeto, de justicia; siente que su vida es como un lago estéril de aguas turbias donde la luna no puede reflejarse, como un espejismo caleidoscópico, burdo y cruel sobre un abismo, sin poder divisar en el horizonte la existencia del cielo ni del infierno.

Cierra  los ojos y se deja ir.

Desaliento
Cristina Leiva - Cris, Lacarancha

La ultima caracola

Aunque es invierno y pese al frio viento que acaricia su rostro, se sienta en la solitaria playa frente al pacífico contemplando el mar admirando, plácida y serena, el asedio de las olas que arremolinadas, besan sus pies y se retiran, dejándole de regalo la última caracola.

La recoge, la acerca a su oído y escucha el oleaje emocionado que le cuenta historias de tiempos remotos, le habla de su furia, le habla de su paz, de su amor por la luna, de sus baños de lluvia, de sus sueños de mar.

Y ella lo entiende. Lo comprende como nadie y se deja seducir.

El, con un excitante susurro la atrae hacia si invitándola a penetrarlo en un desesperado acto de desenfrenada pasión.

Ella accede y se interna en él, perteneciéndole definitivamente.

La caracola, sola sobre la arena, única testigo de esta sensual unión, ofrenda al sol su brillo nacarado, y se sonroja.

La última caracola
Cristina Leiva - Cris, Lacarancha