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Instinto

Instinto 




Acorralado, con la pared contra el cañadón, se encontraba el puma.

 4 dogos lo acosaban y el ya presumía que aquellas serían sus últimas horas. Venían persiguiéndolo desde varios kilómetros atrás y sus fauces se cerraban varias veces muy cerca de sus patas traseras. El ya no era el joven de otros momentos que con su uña cazadora los enfrentaba con la seguridad de vencerlos fácilmente.

Ni su velocidad ni sus reflejos eran los de antes.

Hacía tiempo que no cazaba corderos ni liebres; solo se alimentaba de cuis y ratas de campo, las que tanto había despreciado en su juventud.

Los ladridos de los perros eran insoportables y anunciaban su derrota ante la brutalidad del hombre que los guiaba.

Todo era un cruel juego que el destino develaba ante él. Ya había pasado su tiempo. Ya debía enfrentarse con la muerte.

En su vida había hecho muchas cosas, demasiadas tal vez, pero. . . ¿de qué podía arrepentirse un animal que por su innato instinto debía matar para comer?  Ese era su sino, y si alguna vez fue injusto, sólo lo hacía para alimentarse; jamás mataba por placer u orgullo, como ese hombre que se acercaba… y lo acorralaba.

Ante la opción, el hombre o él.

... Mamá natura se lo había enseñado… Solo por hambre o por defender su propia vida…



El puma. Animal salvaje