Instrucciones para mi último día

Los domingos me acompaña a la feria una nueva amiga y juntas paseamos por todas las tiendas.

 Pasamos muchas veces por los mismos stand saludando cordialmente a los feriantes:

-Buenos días. Esto cuánto está? ¡Qué lindo! Lo felicito por hacer estas cosas tan bonitas. En un ratito regreso a comprarlo, me lo guarda por favor?

Y vuelvo a pasar y repetir siempre la misma cantinela.

 Claro, ya nadie me cree y mi amiga dos pasos atrás explica avergonzada

 -ella no está bien. Pronto ya no recordara nada.........................................................................................................

Te lo dije ya?,  mi "amiga", la que acompaña mi soledad, se llama alzhéimer.  Su compañía no es gratis, nonono, ella se cobra quitándome la evocación de mis recuerdos. 

 Hoy fue a visitar a otros y me dejo sola y , no sé, cuando ella no está reaparecen en mi mente las huellas de mi memoria y con este chispazo de lucidez recuerdo claramente mis paseos domingueros; comprendo que mi fin en esta existencia está cerca y me pregunto si habré dicho todas las palabras que guardé dentro de mí, si habré mostrado mis sentimientos, mis emociones, sí habré dado a conocer mi amor sin reservas, si habré liberado completamente mis odios prisioneros en mi corazón desde hace tanto tiempo.

Si. Creo que sí.

Deje escapar mis odios hace muy poco. No quiero irme llevando esta carga tan pesada que me ahogó durante 42 años.

Ya está. Terminó.  

Terminó con este juicio único en la Argentina en que se demostró que el ejército se instaló en el sur tucumano de la misma manera en que se ocupa una nación extranjera, asi decian los diarios,  y que sembraron semillas sangrientas, oscuras, tenebrosas y su paisaje dejó de ser un jardín para poblarse de fantasmas, de gritos de dolor que emergían de los sótanos de cada centro clandestino de detención; lugares de tortura y desaparición,  y cuando los secuestradores y torturadores fueron declarados culpables y condenados a perpetua yo quede, al fin, vacía de dolor.

Por eso. No quiero que me gane el rencor ni el olvido y necesito dejar por escrito mi última voluntad y mi legado antes que ella, Alzheimer, regrese definitivamente a mi lado.

"Cuando muera no lloren  por mí porque no me habré ido del todo.

Quedaré en cada uno de uds. mis hijos queridos, mi yerno, mi nieta.

Quedaré en una sonrisa, quizás en un pensamiento, o un cuento, en los arpegios de mi guitarra,o tal vez en un abrazo y en mil grullas de papel que colgarán de mi ventana.

A lo mejor alguna noche despierten con la sensación del peso de otro cuerpo sentado a su lado en el borde de su cama y sientan en sus mejillas la humedad de un beso. Mi beso.

No me lloren, no, solo planten un lilo en la plaza más cercana y abonen con mis cenizas sus raíces para que me enrede entre sus hojas y el viento esparza mi perfume y mi espíritu alilado juegue con los pájaros y disfrute de sus trinos y el viento me lleve hacia uds para resguardar sus sueños.

Enredada entre sus ramas podré volverme esa sombra que ampare del sol a ansiosos amantes que buscan un lugar sereno y fresco para calmar sus deseos, y ofrendar flores purpuras a un primer amor.

Por último desearía que en el tronco rugoso de ese lilo un pequeño recordatorio diga:

“Aquí, enramada a los pies del árbol descansa por siempre una mujer simple que bebiendo de su sabia, continuará urdiendo flores para perpetuarse y acariciarnos por siempre con su perfume.”

Así de simple es mi última voluntad y mi legado: 

Sin bienes materiales,

solo mi amor, memoria, comprensión, algunos libros, 

                               un saxo, una guitarra, una máquina de fotos y un ramito de lilas 

para que compartan y se den cuenta de cuanto los amo".






Instrucciones para mi último día
Cristina Leiva - Cris, Lacarancha


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