Círculo de terror


Era tan poca la paga de aquellos pobladores salteños… digo, la paga que recibían a cambio de trabajar … y trabajar… y trabajar… en la cosecha de la caña de azúcar … 

¡Si señores!, es como les cuento… trabajar de la mañana a la noche por unas pocas monedas, tan pocas que no les alcanzaba para alimentarse bien.

Esta familia de mi relato que tampoco iba a la escuela  y por lo tanto no sabían leer, ni escribir ni mucho menos informarse correctamente sobre las cosas de la vida y ¡ni que hablar de lo que sucedía en el país!... ni mucho menos… en el mundo.

Les contaré de lo que les sucedía a la familia de papá Ramón, mamá Josefa y sus 9 hijos, que no tenían trabajo. 

Papa Ramón no tenía trabajo. Le faltaba una pierna a don Ramón...  ¡pobre don Ramón!,  grandes  lagrimones brotaban de sus ojos por las noches cuando creía que nadie lo miraba y  entonces, calmaba sus penas con  el alcohol, y así lo hacía porque lo ganaba rápidamente la angustia por no encontrar una salida.

 Mamá Josefa nunca tuvo la oportunidad de terminar la escuela, no tenía información sobre lo que pasaba con su propio cuerpo y por eso, sin quererlo y sin pensarlo, engendró  9 hijos… ¡pobre mamá Josefa con sus 9 hijos y sus 9… pequeños…grandes problemas!

Josefa  trabajaba  lavando ropa de la mañana a la noche, recibiendo como todos, muy poca paga que era tan mísera que no les alcanzaba para que Josefa, Ramón y sus 9 hijos estuvieran bien alimentados y por eso  les resultaba todo más difícil.

Los 6 hijos pequeños: Pancracio, Samuel, Belinda, Coquito e Isidora,  a quienes no podían alimentar bien, estaban enfermitos, mal de chagas  se rumoreaba… no salían jugar y se sentían muy tristes… no conocían la risa, ni los caramelos, ni el sabor de un helado.

Y todo por qué?

Porque a sus papás, Ramón yJosefa, no tenían trabajo estable y lo poco que ganaban no les alcanzaba para mantener a su familia ni alimentarlos ni vestirlos ni mandarlos a la escuela ni estar con ellos.

José, el hijo mayor trabajaba en la cosecha de la caña de azúcar recibiendo también muy poca paga y satisfacía sus faltas con akullikus de coca que sus mismos patrones le facilitaban para que pudiera mantener así la energía que debía darle el alimento que no tenía y rendir más durmiendo menos.
 
José tenía muchos hijos pequeños que trabajaban también en la cosecha de la caña y aun reuniendo todos sus salarios, no se podían mantener.

Y todo por qué?

Porque José desde muy niño, al igual que sus hijos, estuvo sometido a los abusos del patrón… nunca tuvo la oportunidad de un trabajo digno.

Anacleto, el segundo hijo  tenía una gran cruz que cargar sobre sus hombros, ya que a pesar de su mucho buscar solo conseguía trabajo esclavo y así no podía ayudar a su familia como era su deseo más grande.

Anacleto lo intentó todo. Buscó por todos lados. No quedó una persona en el pueblo sin que le pidiera, rogara, suplicara  por un trabajo que le permitiera mantenerse…y como no pudo ayudar a su familia le nació el rencor y se agarró de la primera mala idea que se le cruzó por la cabeza y aprendió a robar, y como cayó varias veces preso nunca nadie lo aceptó y no pudo jamás rehacer su vida…

Y todo por qué?

Porque Anacleto nunca pudo conseguir ese trabajo que se necesita para vivir con dignidad

Margarita, la hija de15 años era la única de los 9 hermanos que había podido ir a la escuela, pero, cuando conoció el amor y  en su pancita creció un bebe, Margarita se desesperó y se asustó muchísimo y dejó en el llanto hasta la última de sus lágrimas cargadas de dolor, de miedo, de incertidumbre… sintió tanto miedo  que huyó lejos de su casa, y de miedo y desesperación, en la más absoluta soledad, Margarita… abortó… Margarita se desangró… Margarita aulló de dolor cuando los que debían cuidar de su salud la condenaron, la juzgaron sin piedad y la encarcelaron.

Y Margarita,  como en el final de un cuento de terror, después de muchos años, volvió al hogar que seguía… como si nunca se hubiera ido…

 Y todo esto paso y sigue pasando. Esta es la verdad más verdadera…Todo… ¿por que?...

Porque ninguno tenía un trabajo  con una paga respetable, que les permitiera vivir con dignidad, con respeto, con fe en un futuro mejor.



Circulo de terror
(Cristina Leiva -  Cris, Lacarancha)


Este relato esta basado en una historia veridica de una familia que vivia, alla lejos y hace tiempo, en hipólito Yrigoyen,  un pueblito de Salta y trabajaban en el ingenio San Martin del Tabacal..
Conoci personalmente a Margarita y conmovió mi espíritu leer la carta que con tanta simpleza y tanto amor le enviara su madre.

“Querida hijita ojala que al llegar este umilde papel  te encuentre  bien quedando nosotros regular. mirá mi flaquita yo quiero que me conteste esta la carta que tei  escrito y también quiero que me digas si leas  avisao a la señora que tian echo un ijo. Yo y tu papa tamos muy priocupados con lo que tea pasado. no emo enterao  por el  gustavo que viene a la casa yorando  a hablar con el ramón que se a enojao mucho pero dispues a entendido.
Son corta las noches pensando en vos mamita, queremos saber sies que te loas echo sacar o no. Nosotros  te  vamo  a apoyar en lo que decidás.
Si viera hija como tan la isidora y la belinda porque  sean  enterao  porque loan escuchao al ramón insultar y pegarle una buena  chirliada al gustabo  que yoraba y yoraba y pedia que te perdonemo  y que te busque.
Mira mi consuelito margarita, tu papa como siempre sin trabajo. bueno mamita sin tener ma que contarte me despido con el cariño mas grande.
Ispero  tu contestación lo ma pronto posible.  no te olvide que tu madre sufre.
Aquí  ya noe vida la vida sin vo mi consuelito
Cariño chau hijita
                  Josefa”

Todos los nombres  usados en este relato son ficticios


Esta situacion es común en muchos paises. los invito a leer:

http://desdelaterramedia.blogspot.com.ar/2012/08/el-azucar-y-el-arzobispo.html

Atahualpa Yupanqui - Preguntitas sobre Dios


Juan Falú. A mi Ñaño



Rayén


38 grados de calor.  2 dos la tarde.  Rayén  caminaba, casi corría por esas angostas vereditas  porteñas . El  vapor del asfalto,  los altos edificios, y su paso apresurado, sin rumbo cierto, la llenaban de una energía espesa, negativa  y oscura.

De su frente y  de sus mejillas brotaban grandes gotas mezcla de sudor y de llanto.

 Los recuerdos se agolpaban sin sentido, uno a uno, desordenados,  como una película inentendible aún. A su mente llegaban las imágenes de su infancia, allá, en Huinganco, pueblito perdido entre los caminos  neuquinos.

 Las veces que de niña se habría refrescado en las aguas del rio Neuquén  y disfrutado de su paisaje, y amado sus tierras.

Su espíritu mapuche voló hacia esos lares, tratando de buscar la sabiduría de sus ancestros recordando con dolor cuando, ya entonces, vivían en inferioridad de condiciones respecto al hombre de poder.

Y vio a su padre tragando su orgullo y bajando la cabeza.

Ellos, los poderosos del pueblo subieron  a todos al camión con menos respeto que el que ellos tenían por sus cabras cuando  llegaba la veranada. ¡Iban a votar! ¡A cumplir con su derecho cívico que tanto costara conseguir! 

Como tantas otras veces, recibiendo  cada uno ese sobre cerrado, con la boleta dentro y firmado por el mismo presidente de mesa de todas las elecciones, para que luego, los   justos resultados  reflejaran el triunfo del mismo partido, viajaban esperanzados. Ni siquiera tenían que pensar. Ya otros lo habían echo por ellos y eso era para agradecer.

Les advertían que ese era el sobre que sin que nadie lo supiera, debían colocar en la urna y traer de vuelta el  otro vacío y firmado también, que les darían en la mesa. Solo así, con esta prueba  en su poder ellos tendrían derecho a seguir en esas tierras que consideraban suyas.

Y en ese momento, con la cabeza gacha, y el orgullo herido, ni las cabras ni el cultivo de tulipanes ni su rio ni nada le brindaba consuelo.

Recordó también que al crecer, se mudara a bs as en busca de trabajo; que paso miserias de todo tipo; que repitió su historia.

 Su pobreza y soledad fue caldo fácil para los poderosos de turno, quienes, aprovechando su desamparo, la incitaron a tomar una vivienda que tanta falta le hacía. Sus hijos  eran muy chicos y no tenían donde dormir.

Tomo esa casa con el amparo de ellos, a cambio de hacer número en sus manifestaciones, a cambio de su voto, a cambio de su afiliación.

 Lo que había echo no la enorgullecía, no, al contrario…

Y hoy, corría… Y corría… Y corría…

 Debía llegar a tiempo. Debía detener a su hijo. Rescatarlo. Abrazarlo. Cuidarlo.
Una vez mas su familia repetía su historia con los mismos abusos y humillaciones.

El correr no alcanzó. Fué tarde ya.


Viéndolo allí, muerto, se abrazó a el y rompió en un llanto desesperado. 


Rayén
(Cristina Leiva - Cris, Lacarancha)

Canción Sagrada del Viento (Wi Wi Wi...)

Beatriz Pichi Malen  


Doña rosa

Doña rosa la que toman en sorna.

Doña rosa, la que subestiman cuando generalizan en la radio, en la tele, en el diario…

Doña rosa la sin piel… la más solidaria, pero también la más chismosa. Es una mujer; una mujer como vos, como yo, como cualquiera, aunque use ruleros y barra la vereda envuelta en un batón floreado y con ojotas mientras chismorrea con la Doña rosa de al lado con quien comparte, tal vez sin saberlo, la misma frustración e igual humillación;

 la que se levanta temprano para ir al mercado,

 la que sabe a la perfección el precio de las verduras y también responde, sin equivocarse, con quién salió la vecinita de en frente, 

la que prepara la comida diaria durante tres horas y se come en diez minutos, 

la que limpia sobre lo limpio, 

la que llora a escondidas, 

la que finge las risas,

 la que se hace la boba; 

la que en un interviú, mientras cada uno de los integrantes de la mesa familiar se enfrasca en sus cosas, mira todas las novelas de la tarde, y sueña, y vive historias ajenas sufriendo en carne viva como si fuesen las propias y se seca el río de lágrimas con una franela.

Por las noches, si hace calor, saca su sillón y se sienta en la vereda a tomar unos mates. 

Observa quién llega, quién se va, con quién, dónde…

E imagina… imagina… imagina…

Cierra sus ojos y su espíritu por unos momentos se siente libre; se hace finito y cristalino como el agua calma de una vertiente y en un suspiro, cual lazo de seda que resbala de sus manos, escapa por sus labios y sobrevuela paisajes infinitos de otras realidades que nunca se atrevió a vivir .

Deja volar su mente lejos, muy lejos, y la invaden los recuerdos de experiencias viejas de las que jamás, nunca persona alguna se enteró; y con cada recuerdo que martillea en sus sienes y le nubla el corazón y le marca surcos de frustración en la cara, siente que lleva impreso en su frente lacerada esas palabras grabadas a golpes en lo más profundo de su alma y que ella siente tan dolorosamente ciertas: 

“Nadie escucha el grito que mi rostro expresa… nadie escucha el grito que mi rostro expresa… nadie escucha el grito que mi rostro expresa…”

Y en su dolor adormecido, toma conciencia de que día a día, a través de tantos años, se fue quedando sin piel, descarnada, solo con sus huesos…


Y al comprender esta, su realidad, comienza a moverse en su 

sillón como una niña autista, meciéndose muy lentamente, hacia 

adelante… hacia atrás… hacia delante… hacia atrás… hacia 

delante… hacia atrás… una y mil veces… mientras se deja ir.



Doña rosa
(Cristina Leiva - Cris, Lacarancha)

                                                   Liszt: Transcendental Etudes S.139 (Clidat, Ovchinnikov, Kissin)




Por la libertad


      Por la memoria!! Mensajes del alma (León Gieco)



Por la libertad
(Cristina Leiva - Cris. Lacarancha)




"Por la libertad" consta de dos capítulos:

Esta es una historia de muerte...de terror... verídica.
Rudy, de 20 años, un chico como cualquiera, con sueños, con alegrías y esperanzas,proyectos, amores, con la creencia de que sería capaz de cambiar el mundo por otro mas solidario, un mundo de igualdades, de respeto por el otro...



Rudy,mi hermano, aunque ya no esté a mi lado 

Octubre 1975 - San Miguel de Tucumán


Oid mortales el grito sagrado







Eran cálidas las nochecitas tucumanas. 

La primavera reventaba en los naranjos florecidos que adornaban sus veredas. El aroma a jazmines invadía el aire. El calorcito agradable invitaba a salir a las calles, sentarse en los umbrales de las puertas de las pensiones estudiantiles, tocar la guitarra y cantar las típicas canciones de protesta enriquecidas con alguna que otra zamba o chacarera costumbrista.

Pero Teri  una vez más, no salió a cumplir sus 

deseos. Se dejó ganar por el terror y dio vueltas y 

vueltas en la cama sin poder dormir. Y pensó que 

nunca más lo haría, que nunca más volvería a 

cantar, ni a hacer el amor, ni a leer nuevamente su 

libro preferido, Inventario de Benedetti, el que tuvo 

que deshacerse la noche que secuestraban a la 

chica de la pensión de al ladito nomas.


Los cascos de la montada en su patrullaje nocturno le producían escalofríos. El sonido de esos cascos sobre los adoquines le congelaban los huesos.

No pudo más. Se levantó y espió hacia la calle por 

la mirilla. 5 compañeros de ideales, de comedor universitario, de “Si se calla el cantor”, contra la pared de la casa de enfrente…brazos levantados, piernas separadas, cabeza gacha…


Soldados socavando en sus costillas hasta hacerlos 

quebrar de dolor. La patada con esas oscuras botas 

en la boca del estómago venía seguro si no tenían el 

pensamiento y las respuestas rápidas a sus 

preguntas tan duras y tenebrosas como sus botas.


El agobio la ganó. Seguramente nunca más 

volvería a verlos... 


No pudo vencer su cobardía. No se atrevió a gritar, 

ni a pedir ayuda, ni a hacerse notar…


Con el corazón partido en mil pedazos volvió a su 

cama. Toda la noche recordó a su madre, allá, 

lejos, cuando llena de angustia le decía a su 
hermano en desgarrada súplica: ¡No te quiero héroe! 

¡TE QUIERO VIVO!


El cansancio, el llanto, la impotencia finalmente 

fueron vencidos y se durmió. Soñó que su hermano 

flotaba, y elevándose lentamente, sonriendo y con 

un clavel rojo como la sangre misma en el ojal de 

su camisa, la saludaba con la mano diciéndole adiós.

De sus muñecas colgaban dos gruesas cadenas con 

sus eslabones rotos, que arrastraba en su levitado 

viajar.


Teri despertó sobresaltada. Prendió la radio con 

una tremenda intuición y escuchó: “5 guerrilleros 

murieron en un enfrentamientos contra las fuerzas 

armadas. Tres subversivos escaparon. Hemos 

vencido al enemigo”.

En la mente de Teri resuenan aún las palabras del 

himno nacional argentino.


Oid mortales el grito sagrado


Libertad   

Libertad

Libertad...




          Joan Manuel Serrat, Heredia, Gieco. ESMA 2004





Reencuentro 

a Graciela, si algún día vuelve 







El reencuentro se produjo allí, sin pensarlo, después de algunos años de ausencia, a pocos días de terminar 1983.

Era el retorno a la democracia. Todavía  sentían en el alma y en el cuerpo  la alegría por los festejos de año nuevo. 

El  espíritu  aun estaba inundado de esa rara sensación de paz y amor tan extrema y que los hacia sentir tan bien.

A pesar del intenso calor caminaban sin prisa, de la mano, riéndose, recordando anécdotas  simpáticas, disfrutando de la noche límpida y estrellada.

La luna se veía inmensa, romántica, cómplice de la sutil invitación y Palito ortega llenaba el aire con su: la felicidad ha ha ha ha, de sentir … canción propia de aquella época y ellos, mas cercanos aún se apretaban uno a otro. De vez en cuando  una caricia. De vez en cuando un fugaz beso.

 Solo sus  manos hablaban, conectándolos con intensidad, el sublime lenguaje del amor y el deseo.

Pensaron en concretar, por  fin, ese acto tantas veces  soñado y tantas otras postergado  por la intolerancia de los padres de ella, por la celosa mirada de la madre de el…  por la juventud de ambos, por sus estudios en otra provincia… por esa inexplicable violencia a que fue sometido  cuando una noche, encapuchados, y a los golpes se lo llevaron sin explicación y tras la feroz tortura, un certero tiro de gracias libertó su espíritu  dejando sus sueños truncos, deshechos, definitivamente  destruidos...

Ella, sola, llorando su ausencia, sumida en el más profundo de los pesares muy pronto siguió sus pasos. 

La buscaron, la maltrataron, la  deshicieron en mil pedazos dejando sólo sus súplicas  llenas de terror, de dolor y de vergüenza, flotando en el aire.........

Apresuraron el paso. Caminaron  rápidamente por esa callecita oscura. Ya faltaban unos pocos pasos para llegar a su refugio.

 El cielo se iluminó y la noche cerrada desapareció  repentinamente.

El espacio  y el tiempo se volvieron inexistentes.

El, con suaves y candentes  caricias  rozó sus cabellos, y ella se estremeció y lo recibió con candor.

Una suave brisa  los envolvía  inundando sus sentidos  con el  exquisito aroma de las glicinas que mágicamente  se deslizaban suavemente  por su pelo como el manto que cubre a las novias en su noche de bodas.

 La finitud de sus vidas truncas se hizo  infinita  girando rítmicamente al musical son  de  los vaivenes del amor dentro de ese gran agujero temporal  en que el mismo universo los había colocado para cumplir con  su mandato.

Sus espíritus  se elevaron, satisfechos ya, fundiéndose eternamente en la inmensidad  del  tiempo y del espacio.