Erase una vez... una acacia







Erase una vez... una acacia






En medio de la noche la montaña deja su silencio para emitir un gutural rugido cargado de inmensidad... de vacío... de dolor... y en ese rugido profundo hace oir su lamento. y en él, me llama; me busca por los montes, por los bosques. . por los llanos...

Acurrucada, desde abajo observo lo que acontece y me entrego mansamente a  un dialogo conmovedor e intimo con la naturaleza. La  inmensa soledad dibuja en mi espíritu piruetas que recorren todo mi ser y me llegan hasta el alma y entonces me pregunto si yo como ella, seremos  fruto de un mismo ser en un rato de nostalgia.

El viento refresca mi cara y de repente se enfurece haciéndome doblar el cuerpo, obligándome a  besar la tierra, hasta que la noche rompe su oscuridad con el fulgor de un rayo que recorre los cielos directamente hacia mí. Siento un dolor estremecido que recorre mi cuerpo... todo...me acurruco y tiemblo... mis pies me mantienen sudorosa y lastimada, sin poder huir... pero yo, no quiero escapar... parece que caigo, que me dejo vencer, que me voy, que el viento me lleva ...pero recupero mi ánimo... enfrento  la tormenta que pretende doblegarme... y los rayos que me hieren... y el agua que me ahoga... y el fuego que me quema... y, con esfuerzo, me yergo...


Junto con la mañana, despierto de mi sueño de hielo e historia, recibiendo en mis hojas más altas , el primer rayo de luz que con su calor me predice días de gloria.

Todo el paisaje sabe que soy la única con derechos a conocer los secretos de natura, porque sus dioses viven entre mis hojas y el mecer de mi copa no hace vano el recorrido de la vida.



















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