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Desilusión


Desilusión





Trabajó intensamente solo para cobrar su primer sueldito de morondanga y correr a hacer realidad su pobrecito sueño  de pobre: comprar lo que tanto deseaba: 1 perfume, Amarige, de Givenchy.

 Sabía que él adoraba esa fragancia y en su fuero más íntimo, soñaba con despertar su interés.

 Pintó sus labios… arregló con esmero sus cabellos… unas gotitas detrás de sus orejas… y  salió, emocionada y ansiosa a forzar un “encuentro casual”.

Era consciente de la situación, pero… ¿Por qué habría de prohibirse soñar?...

El, alto y buen mozo. Sus cabellos rubios lucían cual canasta de apetitosos damasquines sobre su frente. Sus  atractivos rulos apenas  le cubrían la nuca y su piel, tostada por el sol realzaba sus músculos torneados que pugnaban por exhibirse bajo la apretada camisa.

Ella se acercó lentamente en puntitas de pies, ilusionada, pretendiendo que el aroma dulzón de su perfume embriagara los sentidos de su amado.

 Fermín, de espaldas, cerró los ojos y con placer dejó que ese aroma tan delicioso penetrara por sus fosas nasales invadiendo sus pulmones. La exquisita fragancia, sensual, perturbadora impregnó cada uno de los poros de su cuerpo… y hechizado por sus sensaciones se volvió…y la vio…parada frente a él, extasiada y temblorosa… contemplándolo...

Anita entornó los ojos embriagada de emoción, con la  ilusión de un beso.
El abrió aun más los suyos, y con un dejo de desprecio  y desilusión en su mirada dijo: - el Givenchy  no te va ¿no te das cuenta?... es para otro estilo de mujer….alta, bella, fina, fran - ce - sa  y riéndose, se alejó.

 Ella, con toda su morena y mórbida humanidad contenidas en 1,55 m de estatura se desplomó, cayendo al piso, sumida en vergüenza y humillación, quebrándose en mil pedazos como una frágil copa de cristal… y jamás… jamás  se recompuso...




El prejuicio...si lo permitimos vivirá por siempre en nuestras mentes…