Confusión de sí




Confusión de sí





El día de su cumpleaños número setenta se tomó una fotografía
como todos los años, entre risas, felicitaciones y buenos augurios de
sus amigos y familiares.

En la soledad de su cuarto, sentada en la cama, la observó con
detenimiento, pensado quién sabe en qué.

Cerrando sus ojos, dejó aflorar sus recuerdos y en ellos se
observó... se comparó...se vio... sí... se vio a sí misma, sin poder
entender cómo, esa mujer tan quieta, plasmada en esa imagen fuera
su reflejo, con ese gesto risueño del instante del brindis, con esa
mirada plácida y serena, con ese cuerpo robusto, con sus cabellos
blancos, con su piel de cuero curtido por los años. Y el impacto fue...
¿fuerte?

No se reconoció en ese espejo... no se reconoció a sí misma ni
pudo comprender lo sucedido...

Se preguntaba: ¿cómo pasó? ¿cuándo? ¿dónde?

No podía ser... tal vez fuera un sueño... si ella se sentía finita,
lánguida, liviana, con un vestido de fiesta y flores en el pelo... si por
sus venas corría la savia del amor... si en su jardín reverdecía
nuevamente la primavera perfumando su esperanza... si en todo su
cuerpo sentía el fluir de la vida... y en su corazón... ah...en su
corazón galopaba una tropilla de caballos ante la mirada de su
amado cuando juntos marcaban el ritmo de su canción...

De pronto, la puerta de la habitación se abrió y la tierna voz de su
nieto le dijo: “Abu... ¿me cuentas un cuento?” ... y entonces sí.
Comprendió.

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