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Oda a la luna

Oda a la luna







La noche era diáfana... cálida... intensa...y la luna, más hermosa que nunca con su blanco color, me susurraba, muy sutil, dulces palabras de amor, despertando mi romanticismo. 

Maravillado, admiraba su reflejo sobre el lago que iluminaba tenuemente, las suaves curvas de las ninfas enamoradas recostadas allí, sobre las rocas, en este secreto jardín adornado con pequeños árboles floridos, hasta que su resplandor se ocultaba, cómplice, tras el horizonte.
 

Contemplarla extasiado era sublime para mí.
 

Desde este jardín se veía más luminosa y grande que de costumbre.
 

Ella me transformaba en poeta y yo... yo le dedicaba, cientos... y cientos… y cientos de versos.
 


Era mi preferida entre las sesenta y tres lunas jupiterianas.