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El mensaje de Gregorio

El mensaje de Gregorio             
                                                                                          



Encendieron 3 velas blancas y se ubicaron alrededor de la mesa tomados de las manos.

El padre Juan tras una silenciosa oración, en voz alta invocó a los espíritus.

- Si hay un espíritu en esta habitación que se manifieste...

Y todos apoyaron sus índices en la base de la copa.

El silencio y la quietud extrema creaban una fuerza energética de intensa tensión que los fusionaba.

- Si hay en este momento algún espíritu que se manifieste ¡Ya!... repitió...

El silencio era sepulcral, solo se escuchaba muy tenue, el chisporroteo de las llamas de las velas encendidas que casi imperceptibles bailoteban como si una suave brisa las aventara en esa habitación herméticamente cerrada.

Su corazón latía apresurado e inquieto cuando el padre Juan, por tercera vez , ya no invocó ni pidió por favor, sino que exigió con una voz dura e imperativa que parecía venir de ultratumba:

- He dicho... ¡Manifiéstate! ... ¡Sé que estas acá!... ¡Te lo ordeno!...  ¡Te lo exijo!...
¡Responde ya!!!...

Todos contenían la respiración por temor a abrir la puerta de ese canal invisible hasta ahora que les confirmara esos temores que, sin decirlo, navegaban en sus mentes:

Poder comunicarse los vivos con los muertos.

Se congeló cuando una extraña fuerza pareció mover su brazo acompañando el recorrido de esa copa de la que apenas rozaba el borde de su base.

Tarjetones negros y letras blancas con todo el abecedario y los números del 0  al 9  formaban un amplio círculo cerrado solo por 2 frases: Si – No. Solo esto era suficiente para que los espíritus presentes pudieran revelar su presencia.

 La copa, invertida, giraba como descontrolada por dentro de ese círculo, dio 3 vueltas y se detuvo ante el SI, empujando la tarjeta que lo contenía.

- Eres un espíritu de luz o de oscuridad!? dijo el padre Juan con el mismo  duro e imperativo tono de voz.

 - Luz- marcó el camino de la copa  empujando hacia afuera las 3 letras de esta palabra.

- Quien eres?  - Gregorio - respondió ese espíritu que aún no terminaba de convencerla. Ella seguía algo asustada pero por dentro suyo, su natural escepticismo le hacía preguntarse dónde estaría la trampa.

- ¿Que buscas?... ¿Tienes algo que decir?

- SI- ...

- ¿Qué?... ¿a quien?... ¡dinos!...

-A Eloísa. Soy su abuelo...

En ese preciso instante su corazón dejó de latir, su respiración se cortó. El color de su piel se puso azul... Sintió un frio tremendo y sus brazos y su cara con todos sus poros abiertos se volvieron como la piel de un pollo.

Una corriente helada recorría de arriba abajo su espina dorsal haciéndola entrar en un abrir y cerrar de ojos en una hipotermia y sin más se desmayó.

La auxiliaron y cuando se repuso el padre Juan continuó con la sesión; no podían dejar ese alma así, sin expresarse, quedando atrapada en la copa.

Ella sobre un catre, observaba muy conmovida. No podía creerlo. Todos sus conceptos y creencias parecieron cambiar en un segundo.  Ella era Eloísa y su abuelo Gregorio, sólo que nadie en esa habitación conocía nombres.

Su corazón se encontraba, a estas alturas, dividido entre el creer y el no creer, entre la lógica y una incomprensible situación ante la muerte. ¿Qué era la muerte? ¿Tan solo una palabra que angustia y oprime el alma? ¿El fin de la vida visible y el comienzo de otra etapa de nuestra, hasta ahora, finita existencia?... Se preguntaba.

Se cuestionó algunas cosas... muchas, muchas cosas... ¿Era esta una certeza desconocida por ella hasta hoy, en que veía tambalear sus creencias más firmes?... ¿Cómo era posible que su abuelo muerto hace unos años intentara comunicarse desde el más allá?, y más aún... ¿Qué pretendía decirle?...

Se sintió aterrada ante la posibilidad de que esto fuese otra etapa de la existencia que no podría eludir: la vida después de la vida... ¿Sería así?