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La princesa de mi castillo llamada Alibeth

Música Celta Instrumental// Adrian Von Ziegler



La princesa de mi castillo 
llamada Alibeth





Una vez, hace tantos años que ya parece una leyenda, una
hermosa princesa llamada Alibeth habitaba mi castillo: el mas grande, cálido, fuerte y contenedor.

 La mamá de la princesa de mi castillo pensaba que Alibeth era un poquitín tímida; al menos eso creía ella, y como la amaba con locura quería evitarle todos los sufrimientos de la vida,  todas las decepciones a las que se vería expuesta al crecer, así que decidió atarla a la pata de la cama con un hermoso lazo de seda rosa, para que nada ni nadie pudiera lastimarla.

Alibeth no podía salir, ni tener amigos, ni nada. 

Todo lo tenía dentro de mi castillo, cálido, grande, fuerte y contenedor, pero, como siempre hay un pero en todas las historias, Alibeth creció y comenzó a soñar, y a anhelar otras experiencias. ¿Cómo podría hacer para vivirlas si estaba atada a la pata de la cama?...

Ella no quería tampoco lastimar a su mamá, así que pasaba día
tras día sin oponer resistencia, pero su alegría iba desapareciendo poco a poco, hasta que una noche, en un dulce sueño se le apareció su hada madrina y le hizo ver que su lazo la mantenía atada a la pata de su cama porque era ella misma la que no se atrevía a desatarlo y salir del castillo a explorar nuevos mundos y si no se atrevía, era porque aún no estaba preparada para partir.

Alibeth despertó sintiéndose extrañamente feliz, satisfecha. 

Cerró sus ojos con fuerza. Se hizo finita, finita, finita, hasta que su finitud fue tanta que se volvió un hilo luminoso que se deslizó suavemente por entre los pliegos del nudo de seda rosa.

 Y se elevó sobre el castillo convertida en un pájaro de luz. Dio unas vueltas sobre él en señal de despedida y agradecimiento.

Quería impregnar sus retinas con la calidez, el amor y el confort que la había contenido hasta entonces y voló tan alto como sus alas se lo permitieron, tan alto como ella se lo propuso buscando nuevos horizontes.

 Había comprendido que las experiencias ajenas no le servían y fue en busca de las propias.