Rayén


38 grados de calor.  2 dos la tarde.  Rayén  caminaba, casi corría por esas angostas vereditas  porteñas . El  vapor del asfalto,  los altos edificios, y su paso apresurado, sin rumbo cierto, la llenaban de una energía espesa, negativa  y oscura.

De su frente y  de sus mejillas brotaban grandes gotas mezcla de sudor y de llanto.

 Los recuerdos se agolpaban sin sentido, uno a uno, desordenados,  como una película inentendible aún. A su mente llegaban las imágenes de su infancia, allá, en Huinganco, pueblito perdido entre los caminos  neuquinos.

 Las veces que de niña se habría refrescado en las aguas del rio Neuquén  y disfrutado de su paisaje, y amado sus tierras.

Su espíritu mapuche voló hacia esos lares, tratando de buscar la sabiduría de sus ancestros recordando con dolor cuando, ya entonces, vivían en inferioridad de condiciones respecto al hombre de poder.

Y vio a su padre tragando su orgullo y bajando la cabeza.

Ellos, los poderosos del pueblo subieron  a todos al camión con menos respeto que el que ellos tenían por sus cabras cuando  llegaba la veranada. ¡Iban a votar! ¡A cumplir con su derecho cívico que tanto costara conseguir! 

Como tantas otras veces, recibiendo  cada uno ese sobre cerrado, con la boleta dentro y firmado por el mismo presidente de mesa de todas las elecciones, para que luego, los   justos resultados  reflejaran el triunfo del mismo partido, viajaban esperanzados. Ni siquiera tenían que pensar. Ya otros lo habían echo por ellos y eso era para agradecer.

Les advertían que ese era el sobre que sin que nadie lo supiera, debían colocar en la urna y traer de vuelta el  otro vacío y firmado también, que les darían en la mesa. Solo así, con esta prueba  en su poder ellos tendrían derecho a seguir en esas tierras que consideraban suyas.

Y en ese momento, con la cabeza gacha, y el orgullo herido, ni las cabras ni el cultivo de tulipanes ni su rio ni nada le brindaba consuelo.

Recordó también que al crecer, se mudara a bs as en busca de trabajo; que paso miserias de todo tipo; que repitió su historia.

 Su pobreza y soledad fue caldo fácil para los poderosos de turno, quienes, aprovechando su desamparo, la incitaron a tomar una vivienda que tanta falta le hacía. Sus hijos  eran muy chicos y no tenían donde dormir.

Tomo esa casa con el amparo de ellos, a cambio de hacer número en sus manifestaciones, a cambio de su voto, a cambio de su afiliación.

 Lo que había echo no la enorgullecía, no, al contrario…

Y hoy, corría… Y corría… Y corría…

 Debía llegar a tiempo. Debía detener a su hijo. Rescatarlo. Abrazarlo. Cuidarlo.
Una vez mas su familia repetía su historia con los mismos abusos y humillaciones.

El correr no alcanzó. Fué tarde ya.


Viéndolo allí, muerto, se abrazó a el y rompió en un llanto desesperado. 


Rayén
(Cristina Leiva - Cris, Lacarancha)

Canción Sagrada del Viento (Wi Wi Wi...)

Beatriz Pichi Malen  


Doña rosa

Doña rosa la que toman en sorna.

Doña rosa, la que subestiman cuando generalizan en la radio, en la tele, en el diario…

Doña rosa la sin piel… la más solidaria, pero también la más chismosa. Es una mujer; una mujer como vos, como yo, como cualquiera, aunque use ruleros y barra la vereda envuelta en un batón floreado y con ojotas mientras chismorrea con la Doña rosa de al lado con quien comparte, tal vez sin saberlo, la misma frustración e igual humillación;

 la que se levanta temprano para ir al mercado,

 la que sabe a la perfección el precio de las verduras y también responde, sin equivocarse, con quién salió la vecinita de en frente, 

la que prepara la comida diaria durante tres horas y se come en diez minutos, 

la que limpia sobre lo limpio, 

la que llora a escondidas, 

la que finge las risas,

 la que se hace la boba; 

la que en un interviú, mientras cada uno de los integrantes de la mesa familiar se enfrasca en sus cosas, mira todas las novelas de la tarde, y sueña, y vive historias ajenas sufriendo en carne viva como si fuesen las propias y se seca el río de lágrimas con una franela.

Por las noches, si hace calor, saca su sillón y se sienta en la vereda a tomar unos mates. 

Observa quién llega, quién se va, con quién, dónde…

E imagina… imagina… imagina…

Cierra sus ojos y su espíritu por unos momentos se siente libre; se hace finito y cristalino como el agua calma de una vertiente y en un suspiro, cual lazo de seda que resbala de sus manos, escapa por sus labios y sobrevuela paisajes infinitos de otras realidades que nunca se atrevió a vivir .

Deja volar su mente lejos, muy lejos, y la invaden los recuerdos de experiencias viejas de las que jamás, nunca persona alguna se enteró; y con cada recuerdo que martillea en sus sienes y le nubla el corazón y le marca surcos de frustración en la cara, siente que lleva impreso en su frente lacerada esas palabras grabadas a golpes en lo más profundo de su alma y que ella siente tan dolorosamente ciertas: 

“Nadie escucha el grito que mi rostro expresa… nadie escucha el grito que mi rostro expresa… nadie escucha el grito que mi rostro expresa…”

Y en su dolor adormecido, toma conciencia de que día a día, a través de tantos años, se fue quedando sin piel, descarnada, solo con sus huesos…


Y al comprender esta, su realidad, comienza a moverse en su 

sillón como una niña autista, meciéndose muy lentamente, hacia 

adelante… hacia atrás… hacia delante… hacia atrás… hacia 

delante… hacia atrás… una y mil veces… mientras se deja ir.



Doña rosa
(Cristina Leiva - Cris, Lacarancha)

                                                   Liszt: Transcendental Etudes S.139 (Clidat, Ovchinnikov, Kissin)




Por la libertad


      Por la memoria!! Mensajes del alma (León Gieco)



Por la libertad
(Cristina Leiva - Cris. Lacarancha)




"Por la libertad" consta de dos capítulos:

Esta es una historia de muerte...de terror... verídica.
Rudy, de 20 años, un chico como cualquiera, con sueños, con alegrías y esperanzas,proyectos, amores, con la creencia de que sería capaz de cambiar el mundo por otro mas solidario, un mundo de igualdades, de respeto por el otro...



Rudy,mi hermano, aunque ya no esté a mi lado 

Octubre 1975 - San Miguel de Tucumán


Oid mortales el grito sagrado







Eran cálidas las nochecitas tucumanas. 

La primavera reventaba en los naranjos florecidos que adornaban sus veredas. El aroma a jazmines invadía el aire. El calorcito agradable invitaba a salir a las calles, sentarse en los umbrales de las puertas de las pensiones estudiantiles, tocar la guitarra y cantar las típicas canciones de protesta enriquecidas con alguna que otra zamba o chacarera costumbrista.

Pero Teri  una vez más, no salió a cumplir sus 

deseos. Se dejó ganar por el terror y dio vueltas y 

vueltas en la cama sin poder dormir. Y pensó que 

nunca más lo haría, que nunca más volvería a 

cantar, ni a hacer el amor, ni a leer nuevamente su 

libro preferido, Inventario de Benedetti, el que tuvo 

que deshacerse la noche que secuestraban a la 

chica de la pensión de al ladito nomas.


Los cascos de la montada en su patrullaje nocturno le producían escalofríos. El sonido de esos cascos sobre los adoquines le congelaban los huesos.

No pudo más. Se levantó y espió hacia la calle por 

la mirilla. 5 compañeros de ideales, de comedor universitario, de “Si se calla el cantor”, contra la pared de la casa de enfrente…brazos levantados, piernas separadas, cabeza gacha…


Soldados socavando en sus costillas hasta hacerlos 

quebrar de dolor. La patada con esas oscuras botas 

en la boca del estómago venía seguro si no tenían el 

pensamiento y las respuestas rápidas a sus 

preguntas tan duras y tenebrosas como sus botas.


El agobio la ganó. Seguramente nunca más 

volvería a verlos... 


No pudo vencer su cobardía. No se atrevió a gritar, 

ni a pedir ayuda, ni a hacerse notar…


Con el corazón partido en mil pedazos volvió a su 

cama. Toda la noche recordó a su madre, allá, 

lejos, cuando llena de angustia le decía a su 
hermano en desgarrada súplica: ¡No te quiero héroe! 

¡TE QUIERO VIVO!


El cansancio, el llanto, la impotencia finalmente 

fueron vencidos y se durmió. Soñó que su hermano 

flotaba, y elevándose lentamente, sonriendo y con 

un clavel rojo como la sangre misma en el ojal de 

su camisa, la saludaba con la mano diciéndole adiós.

De sus muñecas colgaban dos gruesas cadenas con 

sus eslabones rotos, que arrastraba en su levitado 

viajar.


Teri despertó sobresaltada. Prendió la radio con 

una tremenda intuición y escuchó: “5 guerrilleros 

murieron en un enfrentamientos contra las fuerzas 

armadas. Tres subversivos escaparon. Hemos 

vencido al enemigo”.

En la mente de Teri resuenan aún las palabras del 

himno nacional argentino.


Oid mortales el grito sagrado


Libertad   

Libertad

Libertad...




          Joan Manuel Serrat, Heredia, Gieco. ESMA 2004





Reencuentro 

a Graciela, si algún día vuelve 







El reencuentro se produjo allí, sin pensarlo, después de algunos años de ausencia, a pocos días de terminar 1983.

Era el retorno a la democracia. Todavía  sentían en el alma y en el cuerpo  la alegría por los festejos de año nuevo. 

El  espíritu  aun estaba inundado de esa rara sensación de paz y amor tan extrema y que los hacia sentir tan bien.

A pesar del intenso calor caminaban sin prisa, de la mano, riéndose, recordando anécdotas  simpáticas, disfrutando de la noche límpida y estrellada.

La luna se veía inmensa, romántica, cómplice de la sutil invitación y Palito ortega llenaba el aire con su: la felicidad ha ha ha ha, de sentir … canción propia de aquella época y ellos, mas cercanos aún se apretaban uno a otro. De vez en cuando  una caricia. De vez en cuando un fugaz beso.

 Solo sus  manos hablaban, conectándolos con intensidad, el sublime lenguaje del amor y el deseo.

Pensaron en concretar, por  fin, ese acto tantas veces  soñado y tantas otras postergado  por la intolerancia de los padres de ella, por la celosa mirada de la madre de el…  por la juventud de ambos, por sus estudios en otra provincia… por esa inexplicable violencia a que fue sometido  cuando una noche, encapuchados, y a los golpes se lo llevaron sin explicación y tras la feroz tortura, un certero tiro de gracias libertó su espíritu  dejando sus sueños truncos, deshechos, definitivamente  destruidos...

Ella, sola, llorando su ausencia, sumida en el más profundo de los pesares muy pronto siguió sus pasos. 

La buscaron, la maltrataron, la  deshicieron en mil pedazos dejando sólo sus súplicas  llenas de terror, de dolor y de vergüenza, flotando en el aire.........

Apresuraron el paso. Caminaron  rápidamente por esa callecita oscura. Ya faltaban unos pocos pasos para llegar a su refugio.

 El cielo se iluminó y la noche cerrada desapareció  repentinamente.

El espacio  y el tiempo se volvieron inexistentes.

El, con suaves y candentes  caricias  rozó sus cabellos, y ella se estremeció y lo recibió con candor.

Una suave brisa  los envolvía  inundando sus sentidos  con el  exquisito aroma de las glicinas que mágicamente  se deslizaban suavemente  por su pelo como el manto que cubre a las novias en su noche de bodas.

 La finitud de sus vidas truncas se hizo  infinita  girando rítmicamente al musical son  de  los vaivenes del amor dentro de ese gran agujero temporal  en que el mismo universo los había colocado para cumplir con  su mandato.

Sus espíritus  se elevaron, satisfechos ya, fundiéndose eternamente en la inmensidad  del  tiempo y del espacio.







Recordando


Pasaron 2 largos años llenos de soledad y tristeza.


Hoy hubiera sido nuestro aniversario 31. . . 31 años de estar juntos que no pudieron ser.

Decidiste emprender este viaje hace 2 años y 5 meses. Y aún te extraño muchísimo. A veces despierto con mucha ansiedad esperando verte atravesar mi puerta, y pese a que sé que físicamente no estás, igual te espero.

Son muchas las madrugadas en que deambulo, tomo 1 café y espero. . . siempre espero que por un instante vuelvas a mi.

Son muchas las veces que tengo la necesidad de conversar con vos y en mi interior mantenemos largas e interesantes charlas.

Son muchas las veces que siento el calor de tu mano tibia que toma la mía y la dulzura de tus besos en mis mejillas.

Amor, te cuento que cuando decidiste descansar por un tiempo, nos mudamos a Neuquén y al embalar todas nuestras cosas encontré tus escritos cuidadosamente guardados en el fondo de un cajón protegidos por un lindo envoltorio cual si fuera el mejor de tus tesoros. ¡Y lo era! Si bien los conocía, nunca había notado que en ellos reflejabas tu personalidad, cuestionadora y reflexiva, tu alma noble, tu espíritu fuerte y lleno de coraje, tu humor naif… 

Tu entrega era total ante un papel en blanco y un bolígrafo en tus manos. Me alcanzabas tus escritos con orgullo. Tus ojos pícaros me decían: ¡Mirá! No está bueno lo que escribí para vos?, y esperabas ansioso la reacción de mis ojos, de mi rostro, de mi boca. . . 

Te pido perdón por no haber disfrutado lo suficiente de esos momentos, por no darles la importancia debida que tu ansiedad esperaba, por no comprender lo valiosa que fui para vos.

Hoy siento un gran agradecimiento por tu amor sincero y por tu respeto, pero para llegar a este hoy, pasé por mucho dolor, por contradicciones emocionales increíbles que no podía manejar. Mi alma paseó por oscuros senderos sin poder evitarlo; entre el amor y el odio en un abrir y cerrar de ojos. 

Cuando te fuiste mi espíritu se comportó como las hojas secas a merced de los fuertes vientos neuquinos, arrimándose a veces al dolor y otras al miedo a ponerme de pie, a continuar mi camino sin vos. 

Tuve broncas que ni yo misma entendía los porque de ellas y muchas, muchas ganas de gritar, de tenerte frente a mí y pegarte hasta cansarme, hasta que mi grito traspasara todas las fronteras del universo, hasta destruirme las manos, hasta quedarme sin pies. . . Y te eché todas las culpas de mis inseguridades, de mis temores, de mis fracasos. . . Te habías marchado sin mí.

En este transitar tu ausencia conocí todos los odios, rencores, resentimientos que nunca me imaginé que pudieran existir en mi corazón; y culpa, mucha culpa; tanta que deje de dormir por mucho tiempo pensando que tal vez yo hubiera podido hacer algo mas para retenerte a mi lado, para ganarle a tu muerte y regalarte aunque sea un día más a mi lado.

Hoy que comprendí con mi propia vida, que la vida y la muerte son las dos caras de la misma moneda, que la muerte era el descanso que necesitaba tu cuerpo para tomar fuerzas y regresar en otra existencia con nuevas energías, con  ímpetu renovado, con más ganas de vivir nuevas experiencias. 

También comprendí que luego seguiré tus pasos y, que en algún momento de nuestro círculo de existencias y muertes, volveremos a encontrarnos, como vos querías y juntos comenzaremos un nuevo camino.

Hoy estoy con el corazón en paz. Y sigo amándote, y duermo tranquila.

He vuelto a sentirme feliz.


Recordando
(Cristina Leiva - Cris, Lacaran cha)

La vie en rose - Louis Armstrong





La espectadora


La muerte se presentía, se palpaba en cada respirar profundo, en cada paso lento, esforzado, cansado. 

Conmovía mi corazón ver el deterioro apresurado de ese hombre inquieto, fuerte, inteligente, de gran cultura y tan ávido de conocimientos que fue mi amor, mi compañero de muchos, muchos años.

Dolía verlo pasar horas y horas esperando el comienzo en la tele “de la monita”, novela risueña y liviana que le hacía olvidar sus dolores y que muchas veces lograba sacarle una desdibujada sonrisa por lo disparatado de la historia. 

El esperaba con anhelo las 6 de la tarde. Era la hora mas soñada, su cita mas importante. Su encuentro con Natalia Oreiro, su nuevo amor, la mujer que llenaba sus días de nuevas ilusiones, de alegrías, de risas desopilantes. . . después, horas y horas de mirar por la ventana siempre el mismo paisaje, la misma calle, el mismo árbol, la misma puta y maldita soledad.

El nunca se había imaginado, en su juventud, que algún día esperaría ansioso el comienzo de una novela, pero, allí estaba, sentado en primera fila, cual único espectador de una obra de Moliere.

Sabía que eran sus últimos momentos. Me decía: - pety ya me estoy yendo- y yo no podía responderle. Sabía que era inmediata su partida y no había palabras llenas de esperanzas que pudieran servir de consuelo, salvo mi mano extendida tomando las suyas, mi abrazo fuerte, cálido y protector, la humedad de mis besos en sus mejillas, y la ingenua intención de retenerlo junto a mí un día más.

Tanto él como yo sabíamos que la vida y la muerte eran las dos caras de una misma moneda, que convivíamos con ella desde el mismísimo momento de nacer; que nuestro cuerpo, todo, estaba formado por millones de pequeños universos imperceptibles a nuestras conciencias; universos compuestos por células que día a día morían y eran reemplazadas inmediatamente por otras jóvenes y llenas de energía, sin que lo notáramos. 

Y así, siempre, una y otra vez, este círculo de vida, de muerte, de vida.

Las 6 de la tarde. Ya no caminaba pero esperaba firme, como siempre la llegada de "La monita". Repentinamente una gran tormenta, como hacía muchos años que no sucedía quebró mi aparente quietud. Grandes estruendos de truenos, rayos, refusilos derribaron mis barreras, destruyeron mis defensas.

En un segundo se hizo la noche. La oscuridad total en el día, la oscuridad mas absoluta en mi alma.

Verlo allí, en su silla, tan quieto, tan absolutamente inmóvil, con la cabeza gacha. 

No supe más de mi. No pude razonar. Me desesperé.

Corrí a abrazarlo y mi alarido fue tan pero tan grande que atravesó mi garganta y laceró mis tripas.

El dolor que sentí fue tan íntimo y profundo que no cupo nunca más dentro de mi cuerpo.

Mis gritos fueron aullidos que salieron de lo más profundo de mi alma. Todas las lastimaduras de mi espíritu quedaron en carne viva.

Quedé desgarrada.

La tormenta de mi alma bañaba mis ojos, la tormenta del mundo inundaba las calles.

Salí a la vereda.   Grité. Pedí auxilio.  Nadie escuchó.

Golpeé a puertas que no abrieron,  supliqué a corazones que se cerraron.

No había muerto aún. Era sólo el anuncio escalofriante de que estaba próxima.

Me transformé en la espectadora de esa lucha única y personal del hombre que pelea y se niega a entregar su existencia. 


La espectadora
(Cristina Leiva- Cris, Lacarancha)

Ella Fitzgerald and Louis Armstrong - Summertime