Extraña nochecita la de hoy. La luna está
en su mejor fase. Plenilunio. Iluminación plena.
Me observo al espejo sin reconocerme. Me busco
en su reflejo y no me veo; su luna me devuelve otros ojos que no son los míos.
Unas pupilas detrás de otras surgen burbujeantes, a
borbotones, como brota el agua fresca de una vertiente.
En
el preciso instante en que el ángulo de elongación de nuestro satélite es de 0º, mi nivel de conciencia se abre en una gigantesca horqueta y es entonces cuando en
mi espejo se unen los ojos de mi bis abuela... los ojos de mi abuela... los
ojos de mi madre... mis propios ojos... los ojos de mi hija…los ojos de mi
nieta entretejiendo sus miradas con historias de otras épocas de dulzores y de
penas y azorados, pretenden escapar de esa fotografía mental en la que están atrapados
en los míos, desde el más remoto de los pasados, al presente y al futuro, ávidos por romper
sus cadenas dispuestos a cumplir cada uno son su misión de experiencia y de
porvenir.
Cuando murió mi padre no
lloré, no fui a su sepelio ni le ofrendé una flor.
Cuando murió mi abuelo lloré,
me despedí, y nunca cuidé de su tumba.
Cuando murió mi madre
lloré, si, llore, me despedí, me dolió
muchísimo, pero luegofui a bailar.
Jamásvisité suúltima morada.
Cuando murió mi hermano,
lloré, sufrí, lo compadecí, me despedí, le puse una flor, pero tampoco fui
nunca a visitarlo al cementerio.
Cuando murió mi amor,lloré, sufrí, lo compadecíy me compadecí, me desgarré, aullé… mis
alaridos de dolor atravesaroncomo una
flechael universo todo,me despedí, perojamás, jamás, acompañé sus restos, nidignifiqué el envase que albergó su espíritu
ni con lápidas de mármol ni candelabros de bronce, ni velas…solamente hicemil grullas de papelcon mil mensajes de amorcubriendosu féretropara que lo
acompañarancon su vueloal nirvana, y nunca más regreséa visitarlo
Hoy construyo mi futuro, y sé quecuando la
muerte sea mi presente, habré comprendido, por fin, la soledad
La
hora se aproxima. lo sabe bien. Hacen ya
6 meses que espera, ansiosa y excitada. ese instante único e irrepetible de sublime encuentro.
Comienza
los preparativos con el ritual acostumbrado para una intensa noche de amor.
Guarda
en el rinconcito mas escondido de su alma ese bellocofre de doble fondo con sus recuerdos más
importantes: amores... desamores… éxitos... fracasos... soledades... alegrías...
anhelos.
Guarda absolutamente todo; sus más íntimos sentires que nadie, nunca, los conocería. perfectamente escondidos.
No
quiere que persona alguna viole su guardada intimidad, jamás.
Prepara
con sensual ansiedad su lencería, su peinado, su perfume, su
boca y sus tacos, rojos como el fuego que crepita en su corazón.
Enciende
una vela, perfuma el ambiente, y espera.
Las
6 en punto. El llega. Le extiende la mano y la invita a bailar junto a él la más
eróticas de todas las danzas:
La
danza de la muerte.
Se entrega a sus brazos dócilmente, con sumo placer, ataviada con una fina mortaja
colorada.
El arrullo del viento acompaña sus días. Hoy su hogar es la
espesura cordillerana y su mayor gozo sigue siendo el sentir bajo sus pies el
pastoso crujir de las hojas secas del invierno.
Recuerda aquel día tan especial. Los árboles habían atrapado
a la luna entre sus ramas pintando el paisaje de un halo especial...
brillante...luminoso, cuando todo comenzó.
La fría tonalidad tenue y azulada se transformaba con
lentitud en los cálidos colores terracotas que se encienden de rojo ante la
presencia del amor y dejándose ganar por la nostalgia, asoma desde las
profundidades de la tierra y se tiende a soñar.
Su sueño le trae lujuriosos recuerdos de aquel arroyo
formado por las heladas aguas del deshielo que venían socavando sus entrañas
desde el Tronador y que emergían con vigorosa energía en aquella torrentosa
Cascada de los alerces.
Se ve reflejada en el voluptuoso espejo de esas aguas que la
erosionaban y pese al dolor y al cansancio en que la sumía ese pasional momento
cuanto placer sintió al evocar esos instantes tan íntimos, intensos, mágicos en
que se dejó envolver, hacia tanto tiempo ya, por frenéticas y perfumadas
caricias de aquel eterno chispazo de amor.
Al salir de su ensoñación preguntó a Ngenechen si ése
intervalo apasionado de su existencia había sido un aparente instante carente
de ternura, pero no esperó su respuesta.
Cuando nacílas hadas
me regalaron un nido que guardaron en mi corazón. Un nido con pichones tan
pequeñitos como yo.
Crecí orgullosa pensando que era la única que había recibido
semejante regalo y que cuando fuera grande tendría mis propios pájaros y que
con ellos levantaría vuelo alto, muy alto y sentiría en mi rostro el aire
fresco de la libertad, pero a medida que iba creciendo, ellos también lo hacían
más rápido y más grandes, mucho más que yoy pujaban por salirse de mi pecho. Esto me hacía sentir oprimida porque
no podía respirar. Ellosiban ocupando todo
el espacio dejándome sin corazón, sin aire, sin luz.
Pero era mi nido con mis pichones y yo los acariciaba y quería cuidar. Los protegía para que nadie al
descubrirlos los contaminara. Yo quería que fueran hacedores de paz y por eso
los mantenía en mi pecho pese a mi opresión.
Un día dieron un tremendo estirón, casi se me escapan por
los ojos.
Justo justo coincidió con la matanza de mihermano. Los acaricié y les dije: calma. Ya pasará y saldremos juntos a
volar.
Y así, pasando los años, un día desapareció
Santiago y al otro encarcelaron injustamente a Milagros, después quedaron cientos
y cientos de jóvenes sin trabajo, al siguientedesaparecieron sus derechos, y ganó el olvido o la indiferencia o el
hastío o quizás sea la desesperanza, aun no lo sé.
Los pichones ya no cabían enel nido. Los sentíaenormes
revoloteando dentro de mí queriendo salir y la cavidad en mi pecho era tan
pequeña que el aletear de sus alas me lastimaba. Pero yo, no quería dejarlos
salir.
Y asi fue que amaneceres con frío y sin
gas, anocheceres sin luz, largas jornadas con hambre, sin sueldos, sin el
refugio de una vivienda estos pichones que por tanto tiempo guarde en mi
interior se transformaron, alimentándose de violencia, crecieron crecieron
crecieron y ya no pude sujetarlos más.
Escaparon, tomaron las calles, consiguieron
armas, y los culparon de violentos y vino el gato que, sazonados como
deliciosos bocaditos de crueldad adornados de mononos copitos profanos se los
comió en la temporada de pichones.
Cuando termina el año solemos hacer
un balance de nuestras vidas, tomamos nota de nuestros aciertos y también de
nuestros errores, recordamos ausencias, damos la bienvenida a nuevos amores,
celebramos la llegada de los brotes recientes.
Mientras se acerca la hora clave
anhelo encontrarme en un profundo abrazo con mi hermano a quien no veo nunca
por la distancia que nos separa.
Las 12 de la noche, la hora por todos esperada
asoma su nariz. Esta cerca, Muy muy
cerca. La tele no da tregua con su institucional findeañero.
La voz de la ictérica diva
televisiva resuena en todos los ambientes:
-“Dicen que las cosas simples de la
vida hacen más feliz nuestra existencia.“-
Pienso que ellos, los que nos
tienen prisioneros, se aprovechan que en estos días nuestra emotividad está a
flor de piel, vaya a saber por qué y pretenden con su discurso anestesiarnos el
alma y los sentidos y el corazón y la mirada usando nuestro propio sensible
pensamiento diciendo:
-“En el encuentro con la familia,
los amigos, hacer lío, cantar, bailar, reír, reír hasta que te duela la PANZA
-dice la diva agudizando la voz para remarcar la palabra Panza - está el verdadero placer de la
vida.”-
Quizás sea cierto, en estas
pequeñas simples cosas está el verdadero placer de la vida, claro, si
tuviésemos pan, si tuviésemos trabajo, si tuviésemos salud. Si tuviésemos
derechos, si tuviésemos esperanzas…si tuviésemos una vida, una vida como la que
teníamos, como las que nos quitaron con falsos discursos amarillos.
-“Está por comenzar el año nuevo.
Realicemos nuestros deseos.
Encontremos el tiempo para
cumplirlos.
Feliz 2018 para todos”-
Y al fin el año viejo de retira
con tristeza e irrumpe el 2018, recién
nacido, en medio de las risas y los brindis con la más cara y burbujeante
champaña en la mesa de Susana.
En nuestra mesa, la mesa de los
pobres, brindamos con una sidra, una media sonrisa que contiene mucho más de tristeza que de
alegría, escondiendo en el corazón la desesperanza y el miedo.
Remembranzas ictéricas del último finde (Cristina Leiva - Cris, Lacarancha)